Ayer por la noche los corazones madridistas no eran blancos: eran azules y negros. No hablaban español, no hablaban el idioma de los madriles: hablaban portugués. ¿Es que Cristiano Ronaldo jugaba ayer con el Inter de Milán frente al F.C. Barcelona el partido de vuelta de las semifinales de la Champions League? No, pero casi. Lo que pasa es que todas las miradas estaban fijas en el entrenador interista, José Mourinho, y en su táctica para evitar, como finalmente sucedió, que el F.C. Barcelona se clasificase para la final de la Champions y tuviese la oportunidad de joder bien jodidos a los madridistas ganando la máxima competición europea en el estadio Santiago Bernabeu.
¡El F.C. Barcelona ganando la Champions League, la competición que el Real Madrid ha ganado 9 veces, el máximo campeón de este torneo, por lo que es históricamente el mejor equipo de Europa, en el feudo madridista! Eso era para haberlo vivido. Por desgracia para los blaugranas y por fortuna para los merengues, como titula hoy el diario As, Madrid sigue a 650 kilómetros de distancia de Barcelona (muy sutiles). Esos son muchos kilómetros, incluso para hacerlos en el Puente Aéreo en un tiempo estimado de 45 ó 50 minutos de vuelo. Un viaje que se ahorra la plantilla y la afición del F.C. Barcelona. Ya tuvieron bastante con el viaje en autobús de Barcelona a Milán para jugar la ida de las semifinales por culpa de la nube de humo procedente el volcán islandés pronunciable sólo para los no islandeses si nos atragantamos con una galleta.
Con una galleta no, pero es posible que más de un barcelonista se atragana mientras cenaba al ver cómo le anulaban al F.C. Barcelona un gol legal por una mano no fue. Gol anulado que debió valer (gol de Bojan), que hubiese supuesto el 2-0 (unos minutos antes del 90′ había metido gol Piqué) y la clasificación de F.C. Barcelona para jugar la final de la Champions. El árbitro se equivocó, o se equivocó el linier, y el perjudicado fue el equipo de la capital condal. Una lástima para los periodistas deportivos culés, y un placer orgásmico para los periodistas deportivos merengues. Uno de ellos el director del diario AS, Alfredo Relaño, que como ha escrito en su editorial de hoy, se ha quedado muy tranquilo con la eliminación del F.C. Barcelona, que si llegan a ganar los culés ensucian el templo madridista y cometen sacrilegio.
El propio Relaño titula el editorial Cibeles puede dormir tranquila, y tiene toda la razón. Aunque yo más bien diría que él puede dormir tranquilo, o que Tomás Roncero puede dormir tranquilo. A una divinidad como Cibeles se la pela que un equipo de fútbol gane un título en un campo de fútbol o en otro. ¿Por qué? Porque además de ser una divinidad que no existe, que es una invención del intelecto humano, Relaño se refiere a la estatua que la Diosa Cibeles tiene en Madrid, al ladito de la parada del Metro Banco de España, a un minuto del Banco de España y dos minutos y medio del Círculo de Bellas Artes. No es más que una estatua construida y puesta en mitad de una rotonda en el centro de Madrid. Pero claro, en esa estatua se ha subido Raúl González Blanco muchas veces para ponerle una bufanda del Real Madrid a la estatua con motivo de las celebraciones por los títulos ligueros y europeos.
Y dicen las malas lenguas inexistentes e inventadas que los malnacidos de los barcelonistas, con el independentista Joan Laporta a la cabeza, tenían pensado celebrar la victoria de la Champions League (tendrá que esperar) a la estatua de la Cibeles. ¿Por qué? ¿Para qué? Pues por joder a los madridistas, ¿es que hace falta dar más explicaciones? Alfredo Relaño bien lo sabe, los barcelonistas tenían pensado ir a Cibeles para ponerle una bufanda azulgrana a la estatua. Pero como el Inter de Milán ha eliminado al F.C. Barcelona (jugando con Samuel Eto’o de lateral derecho o de lateral izquierdo, según hiciese falta que el delantero centro defendiese cualquiera de las dos bandas, lo más lógico del mundo, es lo que todo delantero centro debe hacer y quien diga lo contrario es que no tiene ni puta idea de fútbol) no habrá bufandas azulgranas rodeando el divino cuello de la Diosa Cibeles. Para tranquilidad de Alfredo Relaño y de todos los madridistas obsesionados con las victorias del eterno rival. Sí, es absurdo, lo sé. Tan absurdo como pensar que si llega a ser al contrario (que el Real Madrid estuviese disputando las semifinales de la Champions League y que la final se fuese a disputar en el Camp Nou) los futbolistas del Real Madrid estuviesen pensando en celebrar la victoria en Canaletas, y que el director de El Mundo Deportivo o del Diario Sport titulase el editorial del día siguiente a la eliminación del equipo blanco en semifinales “Canaletas puede dormir tranquila”.
Pero el mundo del fútbol y sus pasiones, irracionales y estúpidas hasta tales puntos en muchas ocasiones, es así. Mourinho hace que el Inter de Milán se encierre atrás hasta más no poder, el F.C. Barcelona no rompe la lata y le es imposible ganar (y además le anulan un gol legal que les hubiese clasificado) y los madridistas están que irradian felicidad por la eliminación culé ya que gracias a Mourinho el F.C. Barcelona no podrá ni tan siquiera jugar la final de la Champions en el Santiago Bernabeu. Que digo yo, ¿no podrían los madridistas pensar hasta dónde ha llegado en esta competición el equipo barcelonista y hasta dónde llegó el Real Madrid -lo eliminó el Olympique de Lyon en octavos de final, una vergüenza-? Claro que lo hacen, pero eso ya les da igual. El orgullo madridista parece haber superado la tan temprana eliminación en la Champions League frente a un equipo, comparándolo con el gran Real Madrid, mediocre.
Pero ver al F.C. Barcelona jugando la final de la Champions en el estadio Santiago Bernabeu y ganándola… eso es demasiado para los madridistas, les hubiese jodido mucho. Pero hoy los madridistas viven tranquilos, como Alfredo Relaño. Tranquilos por ellos mismos y tranquilos por la pobrecita de la Cibeles, que se ha librado de ver encima de ella a los barcelonistas celebrando la victoria en la Champions League.
Y todo gracias a José Mourinho, que crispó los nervios de Víctor Valdés al saltar al terreno de juego corriendo para celebrar la victoria al final del partido (eso jodió a los barcelonistas y alegró a los madridistas -no a todos, pero sí a muchos-).
