En la madrugada de ayer (hora chilena) Chile se vio sacudida por un terremoto de 8’8 grados en la escala de Richter. El suelo tembló mientras la mayoría de la población estaba durmiendo. Aunque las consecuencias aún están por ver, según la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha anunciado esta tarde (hora peninsular española) que el número de fallecidos como consecuencia del terremoto asciende a 708.
El número de muertos, ofrecido en primera instancia por la directora de la Oficina Nacional de Emergencia, Carmen Fernández, puede aumentar debido a que puede haber muchas personas enterradas bajo los escombros de los edificios chilenos, ya que el 80% del país se ha visto afectado por el seísmo. Bajo un edificio de la ciudad de Concepción, la más afectada por el momento con unas 350 personas fallecidas, los equipos de rescate están intentando salvar las vidas de al menos un centenar de personas, aunque la cifra exacta se desconoce. Tal y como ha informado la agencia de noticias France Press, los equipos de bomberos han rescatado ya a unas 25 de ese centenar.
Por su parte el presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, ha anunciado la creación del plan “Levantemos Chile”, que tendrá como objetivo el intento de levantar de nuevo el país tras este terremoto que ha afectado al centro y al sur del Chile. Un país cuyos habitantes, en mitad de la desesperación que se siente sobre todo en las zonas más afectadas, han empezado a saquear supermercados en busca de alimentos y agua. No así tanto en la capital, Santiago de Chile, ciudad donde los efectos del seísmo no se han sentido tanto como en otros lugares.
No sólo hay en Chile, de momento y por desgracia puede haber más, 708 víctimas mortales; también hay 2 millones de chilenos desplazados y que tendrán que esperar a tener un hogar donde rehacer de nuevo sus vidas después de este duro golpe que les ha dado la naturaleza. En las zonas más afectadas por el seísmo, como la mencionada ciudad de Concepción, no hay agua, ni luz ni combustible, y por ello la ayuda del plan del presidente electo debe llegar lo antes posible, pese a las dificultades de encontrase con las comunicaciones por carretera o tren en mal estado (dejando a un lado el transporte en avión, ya que el aeropuerto está cerrado y no hay vuelos).
Al menos se puede decir que no está todo perdido. Pese a la desgracia y a que la mayoría del país, el 80%, está afectado por el seísmo, algunas zonas de Chile no están afectadas. Entre ellas la capital, con un 80% de hogares en los que hay electricidad, y con sólo un 20% que tendrá que esperar a que este servicio esté disponible. Esto no significa que no haya temor en la capital, y que no haya ciudadanos que vayan a los supermercados en busca de víveres.
De hecho los chilenos de Santiago de Chile se agolpan en los supermercados para comprar comida y bebida, y van a las gasolineras para tener combustible en el caso de tener que salir forzosamente en sus vehículos. El transporte por metro está ya disponible, las cuatro líneas de que dispone la capital de Chile están abiertas tras la suspensión del servicio, y debido a las continuas réplicas que se han producido tras el terremoto lo más recomendable es no coger el metro, aunque muchas personas tengan que hacerlo por necesidad.
En lo que respecta al acceso por mar, los puertos de Valparaíso y Viña del Mar están cerrados como consecuencia del riesgo que hay ante fuertes marejadas. Tales son las consecuncias que tras el terremoto hubo alertas en las islas de Hawai ante un seísmo (provocado por el seísmo), pero esas alertas se dirigen ahora hacia Japón, la mayor en Japón desde el año 1993.
Hasta que se esclarezca con el devenir de los acontecimientos qué sucederá en Japón y si finalmente sufrirá un tsunami, lo único seguro de lo que se puede informar es de la muerte de al menos 708 personas en Chile (350 de ellas en Concepción) tras el terremoto de este sábado, en la madrugada chilena.
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