Todos los secuestros, sean quienes sean los secuestradores y los secuestrados, no son un trago fácil. Obviamente, no lo es para los que están secuestrados y para sus familiares. Con independencia de la nacionalidad de los hombres o mujeres que tienen restringida su libertad, en todos los sentidos, por otro grupo de hombres o mujeres. Cuando se presenta un secuestro toda la gente de bien, como se suele decir, lo que quiere, lo que desea, por lo que reza incluso pensando que hay algo omnipotente que escucha todas nuestras súplicas, es la liberación de los secuestrados. Lo antes posible. Y por supuesto, a cualquier coste. No importa lo que se haga, mientras no se ponga en peligro la vida del secuestrado y el resultado final del amargo tiempo que dure el secuestro sea la liberación del secuestrado.
Esto pasa con los secuestros, por ejemplo, que utiliza la banda terrorista ETA para conseguir sus propósitos (a estos asesinos impresentables les da igual utilizar el arma que sea, asesinar, secuestrar, coaccionar, extorsionar… con tal de conseguir su propósito, llevando al límite el tantas veces utilizado dicho maquiavélico “el fin justifica los medios”). Nadie quiere que los secuestrados mueran, muchos pueden pedir incluso que se negocie, aunque la negociación sea un gravísimo error, y otros tantos podrán abogar por el pago y la rendición ante las exigencias de los etarras. Sobre todo esto se produce en los casos en los que un familiar, un marido, una hermana o una esposa son los secuestrados. Es decir, que los que más sufren son los seres queridos de las personas secuestradas, y cuando los sentimientos mandan en la conducta se pierde la noción racional de los hechos y no importa lo que se deba o lo que no se deba hacer: al final lo único que se quiere es que el secuestrado sea puesto en libertad.
Esto mismo es lo que ha sucedido con el calvario que han vivido los 36 marineros secuestrados en el atunero vasco Alakrana -16 de ellos españoles- y con sus familiares. El secuestro terminó ayer, afortunadamente todos los secuestrados están vivos. Ése era el deseo de todo el mundo, incluso en cierta medida incluso por los piratas que secuestraron el atunero: amenazando con matar se gana más que matando, porque una persona muerta es una posibilidad menos de conseguir su propósito; aunque al mismo tiempo el asesinato puede provocar que sus peticiones sean escuchadas como consecuencia de ofrecer al Estado que negocie con ellos (porque siempre hay negociación, aunque se niegue) la imagen de que van en serio, que no es una coña. Pues bien, con el secuestro del Alakrana en aguas del Océando Índico por parte piratas somalíes, hemos presenciado unos acontecimientos, que con independencia del sentimiento de felicidad que los ciudadanos podamos sentir al saber que no han muerto 16 compatriotas y 20 extranjeros -aquí, por supuesto, siempre importa más el lado de los compatriotas-, hay que tener muy claro que este secuestro en particular esconde muchos asuntos turbios ensombrecidos por el mensaje de que el Gobierno ha hecho muy bien las cosas, porque al final se ha conseguido lo que se quería, lo que pedían las familias -incluso se manifestaron pidiéndolo después de días y días aguantando sin manifestarse aunque sus corazones, metafóricamente, se lo pedían-. Y esto no puede ser así, hace falta que el Gobierno dé muchas explicaciones.
Lo primero que los ciudadanos debemos saber, la primera responsabilidad que tiene el Gobierno es decir bien claro porqué se ha conseguido la liberación del atunero Alakrana. ¿El atunero se liberó ayer porque los piratas lo decidieron así como así? ¿Hay dinero de por medio -lo que significa que el Gobierno ha cometido un delito, aunque con ese delito se hayan salvado 16 vidas españolas, es un delito de estado y hay que hacer frente a las consecuencias políticas, jurídicas, económicas… que el pago por la liberación tiene-? ¿Ha habido una negociación con los piratas? Por cierto, piratas que estaban drogados y borrachos, y que se han llevado a la saca, si es cierto lo que han dicho, casi 3 millones de €, la cantidad que el Gobierno ha pagado por la liberación. Pero claro, hay que decir o que supuestamente el Gobierno ha pagado 2’3 ó 2’68 millones de € (en el diario Qué! se daba la primera cifra, 20 Minutos la segunda) o que el Gobierno no ha pagado nada, sino que los piratas han decidido liberar el Alakrana por otros motivos.
¿Cuáles? Pues aparte del pago del dinero que los piratas pedían, es complicado pensar en una alternativa creíble. Porque los piratas, y eso está claro y ningún político, ni periodista, ni juez, ni abogado, ni monja de clausura puede decir lo contrario, han recibido una contraprestación a cambio de liberar el Alakrana con todos sus tripulantes vivos. Se ha negociado con los piratas, se ha llegado a un acuerdo con los piratas, se ha pactado con los piratas… se puede decir como se quiera, el caso es que el Gobierno ha conseguido que los marineros fuesen liberados sin que se haya producido ninguna muerte. Y eso tiene mérito, por supuesto; mucho más si se consigue por vías legales que pagando ilegalmente. Porque el pago no supone que los piratas liberen a los secuestrados y se vayan a sus casas a gastarse el dinero en una timba de pócker. Si se han pagado 2’3 millones ó 2’68 millones de € (algo menos de 500 millones de las antiguas pesetas) estamos hablando de una financiación ilegal de unos delincuentes, de unos criminales, a costa del dinero público -porque los miembros del Gobierno no han puesto el dinero de su bolsillo-. Otra cosa es que ahora el armador del Alakrana tenga que devolver el dinero al Estado a plazos o como se haya negociado entre el armador y el Gobierno. Pero a día de hoy lo que está claro es que la posibilidad más creíble, el motivo más creíble por el que los piratas han liberado el Alakrana es que han recibido el dinero que pedían. O incluso más, pero lo que está claro, a pesar de que las cantidades bailan, es que no han recibido menos de lo que pedían. Porque si un secuestrador pide 5 y le dan 2, no libera al secuestrado. Es de cajón.
Y es de cajón que el Gobierno debe dar explicaciones; no falsas explicaciones; no las explicaciones que le conviene al Gobierno para no perder votos de cara a las próximas Elecciones Generales. Debe dar todas las explicaciones, y todas deben ser verdad. Si el Gobierno reconoce que su gestión del secuestro ha sido mala malísima, como acusa el PP, el Gobierno hará bien. Perderá votos, porque los perderá, pero hará bien. Si el Gobierno reconoce que ha cometido una ilegalidad al pagar a los piratas para conseguir la liberación, el Gobierno hará bien. Perderá votos al reconocer un crimen tan grave como es financiar a unos secuestradores, a unos piratas que son asesinos en potencia si se tercia la oportunidad. Pero hará bien. Por lo contrario el Gobierno no hará bien si en lugar de sincerarse con la opinión pública, con los ciudadanos, con los votantes, con los demás Partidos Políticos, con las familias de los secuestrados y con los propios secuestrados, si miente. Si niega haber pagado si de verdad ha pagado; si niega haber gestionado mal el secuestro si lo ha gestionado mal. No es una situación fácil, a cualquiera de nosotros nos ponen un día al azar de Presidente del Gobierno y nos dicen que debemos solucionar un secuestro, conseguir que los piratas o los etarras o unos paramilitares liberen a unos secuestrados españoles, y seguro que dudaremos, que daremos pasos en falso… pero lo hagamos bien o lo hagamos mal tendremos que dar explicaciones, tendremos que ser sinceros. Y aquí llega el dilema para el Gobierno: si son sinceros y admiten todos los errores y delitos que han podido cometer o que han cometido, perderán votos, incluso el PP puede pedir Elecciones anticipadas y ganarlas, mandando a tomar viento al actual gobierno socialista; por otra parte, si son unos mentirosos y no dicen la verdad -no sólo que no lo cuenten todo aduciendo a la importancia de los secretos de Estado y a la inseguridad del Estado si se cuenta todo- podrán ganar votos, dependiendo del grado de convencimiento que logren en los ciudadanos, y lo que es más importante, en los votantes, que son los que al final depositan el voto delegando el poder en una determinada opción política.
Sí, mentirán; no reconocerán haber cometido un delito; pero pueden ganar votos, o como mínimo no perderlos. Y éste es un asunto muy importante, el más importante para los políticos: mantenerse en el poder una vez que han llegado a él. Y para eso los políticos son capaces de hacer y decir cualquier cosa, son unos maestros en estas lides. Los miembros del Gobierno son los únicos que lo saben todo acerca de lo que han hecho o han dejado de hacer, por lo que tienen la sartén por el mango. Con el tiempo los periodistas (los que se atrevan, los que quieran, los que tengan intereses por sacar toda la mierda posible de un determinado Partido Político, en este caso el PSOE) podrán descubrir lo que de verdad ha sucedido. Pero es probable que ya sea demasiado tarde y no pase factura. Y si hay algún momento en el que deba pasar factura, ese momento es ahora. No se debe jugar a defender a ultranza al PSOE por parte de los defensores acérrimos del Gobierno socialista. El periodismo no debe ser amigo del Gobierno, aunque tampoco debe ser un enemigo. Lo malo es que en el periodismo político actual parece que sólo hay dos bandos: los amigos del Gobierno y los enemigos del Gobierno. Los amigos del Gobierno son los que defienden siempre al Gobierno, lo haga bien o mal (como pasa ahora mismo con el secuestro y final liberación del Alakrana), y los enemigos del Gobierno son los que informan sobre lo que de verdad ha sucedido y que va a perjudicar seriamente la imagen del PSOE, o los que directamente se lanzan a criticar todo lo que ha hecho el Gobierno, sin preocuparse de que lo que informan sea verdad o mentira. Lo que importa cuando se es éste último tipo de enemigo del Gobierno es derrocar al poder con todas las armas informativas posibles: la mentira la más importante de ellas, sobre todo cuando no se quiere utilizar la verdad o no se puede llegar a la verdad. En cuyo caso no hay que mentir, sino denunciar la imposibilidad de descubrir la verdad. Son dos cosas muy diferentes.
Y como el periodismo no debe basarse en la mentira, y como la política no debe basarse en la mentira, sino en todo lo contrario, únicamente en la verdad (aunque la verdad joda a los políticos y en gran medida pueda joder también a los medios de comunicación), los medios de comunicación deben informar, porque es su deber, acerca de todos los datos que consigan; el Gobierno debe decir toda la verdad y no escudarse en los secretos de Estado o en milongas similares que sólo perjudican a la sociedad española y benefician al propio Gobierno; y la oposición, tanto la principal del PP como la secundaria del resto de Partidos Políticos presentes en el Congreso de los Diputados, es la de exigir al Gobierno que diga toda la verdad por el bien de España, porque aquí lo que importa más es el bien de España. Menos para las familias de los marineros; para ellos lo más importantes es la liberación con vida de los familiares secuestrados; eso ya se ha conseguido, y lo demás queda en un segundo plano. Es lógico, lo más difícil en estos casos es pensar con objetividad y no dejarse llevar por los sentimientos.
Por este motivo a los familiares se les puede perdonar pensar sólo en sus familiares, en que quieran que se haga cualquier cosa para traerlos con vida a España. Pero al Gobierno no se le puede ni se le debe perdonar utilizar cualquier medio, incluso la financiación ilegal de los piratas (es decir, pagarles el dinero que los piratas piden, dinero que será reutilizado para conseguir más armas y mejores barcos para seguir secuestrando y pidiendo más rescates), para conseguir la liberación. Por mucho secreto de Estado que sea el modo por el que se ha conseguido la liberación de los atuneros del Alakrana (de los 36, no sólo de los 16 españoles), el Gobierno debe decir toda la verdad, aunque le cueste perder las próximas Elecciones Generales. Y no es que sea mejor que el PP gane las próximas Elecciones en detrimento del PSOE, ni que el PSOE deba ganarlas a toda costa, para lo cual es absolutamente necesario no decir la verdad sobre todo lo que rodea al secuestro del Alakrana, que es un asunto muy turbio. Aquí lo que menos importa es qué Partido Político gane o pierda las próximas Elecciones; lo que importa es que la democracia sea transparente, sea el PSOE el que salga perjudicado, sea el PP, IU, UPyD o las siglas que sean.
Es necesario exigir, no por posibles beneficios personales, sino por el beneficio de todos, la máxima transparencia. Y la máxima transparencia consiste en decirlo todo. Y hay que saber pedirlo, no se pueden utilizar estrategias asquerosas por parte del PP para conseguir llegar al poder; el Alakrana no debe ser un filón político más para que el PP lo utilice con el objetivo de ganar las próximas Elecciones; y al revés, el PSOE no debe utilizar que se ha liberado a todos los marineros del Alakrana sanos y salvos para decir que somos los mejores políticos posibles para España, tan buenos que los hemos conseguir liberar, aunque no decimos cómo ni a qué precio porque entonces pondríamos en peligro la seguridad estatal.
Para empezar se puede decir algo muy sencillo: ¿se disparó al barco de los piratas una vez liberado el Alakrana? El Ministerio de Defensa insiste en que sí lo ha hecho. Por el contrario, Ricardo Blach, patrón del Alakrana que como se ha visto en la edición de esta noche de El Intermedio, era asediado por los medios de comunicación en mitad de un secuestro que no se sabía cómo iba a acabar (secuestro en el que ahora se ha admitido que los piratas nunca llegaron a bajar a tierra a 3 de los secuestrados, que todo fue una estrategia más de los piratas para presionar al Estado), ha declarado que no escuchó ningún disparo.
Entonces, ¿se disparó o no se disparó a los piratas? Es una buena pregunta que se puede responder, y a partir de ahí se debe decir toda la verdad. Y la verdad también es lo que deben decir los marineros cuando lleguen a España para esclarecer la investigación, tal y como ha solicitado la Fiscalía de la Audiencia Nacional.
Haya pasado lo que haya pasado, sean buenas o malas las consecuencias para el PSOE, se debe decir toda la verdad y no mentir, no jugar sucio por ninguna de las partes. Esto sería lo ideal, lo malo es que seguro que alguno de los jugadores se ciega por los intereses personales y lo jode todo.
Fuentes:
El Intermedio de La Sexta
Diario Qué!
Diario 20 Minutos
