Que algo -o todo- no va bien en el Partido Popular no es un secreto… o como se suele decir, de forma paradójica, es un secreto a voces. El funcionamiento interno del PP es como una veleta, la dirección en la toma de decisiones varía dependiendo de si Mariano Rajoy sopla hacia el Levante o si Esperanza Aguirre sopla hacia Galicia, en dirección contraria, para contrarrestar el soplo del líder del PP. Un líder que se supone -se supone, en teoría, apriorísticamente o como cada uno quiera decirlo- debe ser la voz mandante. Pero en la práctica, y como se ha demostrado en la trama Gürtel y en la elección del nuevo Presidente de Caja Madrid, Mariano Rajoy no sabe controlar a su formación política.
Con respecto a la trama de corrupción, con respecto a la trama Gürtel, Ricardo Costa le ha echado un pulso tremendo a Mariano Rajoy. La sede nacional, y Mariano Rajoy el primero, ha demostrado no tener mano para controlar a los principales implicados en Gürtel. La situación ha tenido tal magnitud mediática en términos de espectáculo y entertainment que Ricardo Costa fue recibido con aplausos por parte de sus compañeros diputados de las Cortes Valencianas. Afirmó que se sentía Secretario General del PP Valenciano e inmediatamente desde la sede nacional se le expulsó. Una expulsión que no se sabe muy bien se ha sido acatada el 100% o si ha sido una medida que se ha tomado de cara a la galería y Ricardo Costa sigue siendo Secretario General del PP en Valencia de puertas hacia dentro o no. De todos modos, Ricardo Costa se ha pasado por el forro la doctrina de la sede nacional de Génova.
Una sede nacional que tendrá que reaccionar ahora a las declaraciones de Francisco Camps al portavoz del PSOE en las Cortes Valencianas. El señor de los trajes regalados -que según él mismo se paga al contado, para que no quepa duda de su honradez- ha tenido una actuación magistral, y no se le ha ocurrido otra cosa que decir que al señor portavoz del PP en Valencia lo que le gustaría, más allá de ver a Francisco Camps derrocado del poder, es verlo muerto. Y ya está. Habría que estar en el interior del cuerpo de Francisco Camps para comprobar si su excitación ha llegado hasta el punto de sentir un orgasmo interno; porque cabe la posibilidad de que el subidón haya sido tal en su organismo que el placer sexual ha llegado al clímax. Todo puede pasar en el interior de las personas.
Pero más allá de saber o intentar saber si Francisco Camps ha sentido un orgasmo y se ha sentido bien a gusto tras estas declaraciones, lo que sí es seguro es que a Francisco Camps se la ha ido la pinza. Del todo; no han sido unas declaraciones que tengan cierta relevancia durante los minutos posteriores y después pase al olvido. Este tío ha dicho que un político quiere verlo muerto, que quiere que una camioneta vaya de noche a su casa, se lo lleve, lo maten y abandonen su cadáver en una cuneta cualquiera. Tal cual, como si estuviésemos de nuevo ante los paseos de la Guerra Civil, cuando las personas de las que se intuía afinidad ideológica con el enemigo, aunque afinidad no estuviese probada, eran secuestradas de madrugada y ya no se las volvía a ver porque se enterraban los cadáveres en fosas comunes. Y para Francisco Camps él mismo es el objetivo de los asesinos que forman parte del PSOE.
Porque la corrupción política del PSOE llega a tales extremos que ya no se vigila a todos los ciudadanos gracias a Sitel; que ya no se dan chivatazos a etarras para que no sean detenidos en mitad de una negociación entre el Gobierno y los terroristas… ahora ya se pasa directamente al terrorismo de Estado, no contra los terroristas como en los años del GAL, sino que ahora lo que quiere el PSOE es asesinar a los políticos del PP. Y claro, estas declaraciones en las que se acusa de desear su muerte no se pueden decir en una cena de amigos, sino que hay que hacerlas en una sesión de control al Gobierno de la Generalitat. ¿Por qué? Pues porque la mierda política es mucho mejor esparcirla en lugares donde haya medios de comunicación. Es una bomba informativa hacer una declaración como ésta. Es una acusación no grave, sino gravísima. Lo que no se sabe es si Francisco Camps realmente piensa que el PSOE y el portavoz del PSOE en las Cortes Valencianas, Ángel Luna, quiere ver muerto a Francisco Camps o es una estrategia política más para no centrar la discusión en la corrupción política que vive el PP.
No es que la estrategia de distraer la atención hacia otros temas sea una buena excusa. Pero hay que encontrar el verdadero motivo por el que Francisco Camps ha hecho estas declaraciones. Tal vez ha sido porque se ha vuelto loco, se la ha ido la pinza, estaba enajenado, fumado, borracho, colocado… Tal vez es una estrategia sucia y asquerosa para distraer la atención y que se deje de hablar de la trama Gürtel (si Francisco Camps no es un corrupto, ¿para qué distraer la atención y hablar de otros temas si no tiene nada que temer?), para iniciar una polémica mucho mayor y relacionada con el terrorismo de Estado y los asesinatos selectivos a ciertos políticos incómodos para el Gobierno Central. Pero es que cuesta pensar que la única salida que ha pensado Francisco Camps o sus asesores haya sido ésta, acusar al portavoz socialista en las Cortes Valencianas de desear la muerte de Francisco Camps. Lo más lógico hubiese sido hablar de que las escuchas utilizadas en la investigación policial son ilegales porque se ha utilizado Sitel. Coño, ahí el PP tiene un filón muy fuerte para desacreditar la investigación -aunque sea una farsa, pero al menos tiene más sentido que desear la muerte del Presidente de la Generalitat-.
Pero en lugar de utilizar las estrategias habituales de los políticos, Francisco Camps ha decidido ir no un paso más allá, sino que ha decidido -o ha improvisado en el momento- acusar de desear su muerte. ¿Por qué? Pues el único que lo sabe es Francisco Camps. Eso sí, se le ha olvidado decir que a lo mejor después de asesinarle, los asesinos iban a desnudarle para robar los trajes que le han regalado. Ya puestos podría haberlo dicho, para terminar la faena por todo lo alto. Ahí hay que reconocer que Francisco Camps se ha equivocado. Ya que se tira a la piscina -que por cierto, no tiene agua- que lo haga de cabeza, que no se tire a lo loco sin pensar cómo, no, que lo hace con la cabeza por delante que así es mucho mejor. O mucho peor, según se vea. Porque sus declaraciones seguro que convencerán a parte del electorado que vota al PP y que defiende con uñas y dientes al PP valenciano. Pero a los ciudadanos con dos dedos de frente estas declaraciones le harán sentir asco.
Asco porque ya no estamos hablando de las típicas acusaciones que se intercambian los políticos entre sí. Es que ahora estamos presenciando unas declaraciones y acusaciones del deseo de un político del PSOE de ver muerto a un político del PP. Que por muy mal que lo haga un político, por muy corrupto que pueda ser, por muy populista y demagógico que sea, por muy hipócrita que sea su comportamiento, por muy discutida que sea su política… de ahí a desear su muerto hay mucha distancia. Demasiada distancia incluso para los propios políticos que se acusan de espionaje (ya sea en la Comunidad de Madrid por parte de los propios compañeros, ya sea a nivel estatal por parte del Gobierno actual en contra del principal Partido de la oposición). Demasiada distancia incluso para los políticos que se aprovechan incluso de la visita del Papa a España (luego dirán que son los más católicos y los que más critican el aborto y la ley del divorcio y todo lo cristianamente inaceptable), porque una cosa es la corrupción política y acusar a otro Partido Político de ser corruptos, y otra cosa es acusar de desear la muerte de otro político.
Asco porque para defenderse de los ataques dialécticos de la oposición (en este caso, en la Comunidad Valenciana, el PSOE) vale con decir lo de siempre, que si la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, que si el Estatut de Catalunya, que si el espionaje orwelliano de Sitel… pero entrar en asuntos tan turbios como el deseo de ver muerto a otro político ya no es una estrategia política. Esto es ya pasarse de la raya. Los intereses de los políticos están en ganar las próximas Elecciones Municipales, Autonómicas o Generales, en conseguir el poder a toda costa -dentro de unos límites- y mantenerse en él todo el tiempo posible. Pero las estrategias que manejan los políticos para llegar al poder expulsando a los que ya están -ya sea mediante el voto ciudadano o mediante las mociones de censura- no pasan por el asesinato. Vamos, eso es lo que tenemos que pensar, porque como se nos pase por la cabeza por un momento la idea de que un político desea la muerte de otro es para irse del país y que no te vuelvan a ver el pelo en la vida.
Por lo tanto, ante la gravedad de las acusaciones de Francisco Camps a Ángel Luna, el Presidente de la Generalitat tiene que dar explicaciones: muchas explicaciones. No puede irse de rositas después de decirle en la sesión de control al Gobierno Valenciano al portavoz socialista, como consecuencia de la trama Gürtel, que lo que quiere Luna es que una camioneta secuestre de madrugada a Camps, se lo lleven, lo maten y lo dejen tirado en una cuneta.
Porque a Francisco Camps se le ha ido la pinza totalmente. Porque estaba borracho, drogado, o en su sano juicio, pero debe dar explicaciones porque lo que ha dicho es una de las mayores sandeces que puede decir.
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