Estados Unidos es el país de las libertades, el país de las oportunidades, el país del self made man (hombre hecho a sí mismo), el país donde el individualismo es mucho mejor que el trabajo colectivo, porque si no esl self made man no tendría ningún valor. EE.UU. es además el país que hace un año y cinco días hizo historia al elegir en las Elecciones al primer hombre negro como Presidente, Barack Obama. Un hombre en el que se han puesto todas las esperanzas -por parte de aquellas personas que esperan cosas buenas de los políticos- para que cambie el mundo. Un hombre que parece el mejor Presidente de EE.UU. de la Historia, pero es que con un predecesor tan vil como el que ha tenido si lo hace peor es para pegarse un tiro.
De momento está mejorando en parte lo que hizo George W. Bush. Este sábado -domingo en España- la Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó la primera fase de la reforma sanitaria, que es el gran reto que han tenido los presidentes demócratas en las últimas décadas. Y es que la Sanidad en EE.UU., el país de las oportunidades, el país de las libertades, el país del entertainment, el país de las playas con más silicona del mundo… es de tanta calidad que si no tienes seguro médico -costeado por ti mismo o por la empresa en la que trabajas- te mueres en la sala de urgencias o en la puerta del hospital. Una muerte muy digna, sí señor. Una muerte, que no nos engañemos, es la mejor prueba del individualismo, de la libertad, del entertainment y del self made man que podamos ver: individualismo porque te mueres tú, como individuo; libertad porque nadie te prohíbe que te mueras, es más, te ponen todas facilidades habidas y por haber; entertainment porque hay pocos entretenimientos más entretenidos que ver morir en la puerta de un hospital a un enfermo; y self made man porque el muerto ha sido tan inútil que no ha podido valerse por sí mismo para ganar el dinero suficiente como para tener un seguro médico.
Pero los estadounidenses pueden estar contentos. No a día de hoy, porque todavía no se ha aprobado ninguna reforma sanitaria. La Cámara de Representantes ha aprobado el proyecto de ley. Y sólo lo ha conseguido con dos votos por encima del número de votos necesarios. Y lo más curioso es que ni siquiera hay cohesión en el Partido Demócrata, porque el texto ha recibido 39 votos en contra procedentes de los compañeros de Barack Obama. Es como si en el Congreso español 39 diputados del PSOE votan en contra de la reforma de la ley del aborto, un cachondeo. Pero claro, las elecciones estadounidenses son presidencialistas, se vota directamente al Presidente de EE.UU., y aunque lo más lógico es que una persona esté de acuerdo consigo misma -y esto no siempre pasa- no es tan lógico o normal que todos los miembros de un Partido Político estén de acuerdo con las decisiones del miembro más importante. ¿Esto qué quiere decir? Que pese a la unión que existe en torno a esta decisión de Barack Obama, porque sin la unión suficiente no se obtiene la mayoría necesaria en ninguna votación, hay voces discrepantes que no están muy por la labor de que la Sanidad estadounidense atienda a todos los ciudadanos del país de las libertades.
Y esto, que tiene unas consecuencias fatales como es morir en la puerta de un hospital, o en mitad de la calle camino de tu casa después de que no te quieran atender en el hospital, o en un callejón porque eres parte de esa escoria humana que se reúne en el nombre de los vagabundos, está fundamentado en esa filosofía del self made man. O te ganas la asistencia médica o te jode y te mueres -o en el orden inverso, que los EE.UU. es un país en el que todo puede pasar-. Y nadie, salvo tus familiares que luchan por tu asistencia médica, va a sentir pena por ti. Ni los senadores, ni los miembros de la Cámara de Representantes que votan en contra de la reforma sanitaria, ni las aseguradoras médicas que primero cobran y después ya, si eso, te dan el tratamiento necesario como para curarte. Si no tienes dinero para pagarte un seguro médico en otros países puedes tener derecho a la asistencia sanitaria gratuita; pero en EE.UU. significa que eres un rastrojo humano que no es capaz de conseguir trabajo y que no tiene dinero, porque el dinero, salvo que te toque la lotería, te lo tienes que ganar, y si no te lo ganas no vengas pidiendo derechos como es que te asistan en un hospital para impedir que mueras.
Si el Senado, antes de finales de este año, según lo previsto, aprueba el texto de la reforma sanitaria, millones de estadounidenses que hasta ahora no pueden costearse el seguro médico lo podrán hacer. Hasta un total de 36 millones de estadounidenses, que a día de hoy, no tienen acceso a la cobertura sanitaria. Sí, no es una broma, 36 millones de estadounidenses que pueden morir porque no pueden pagar un seguro médico. Para que luego digan que EE.UU. es lo mejor que hay en el mundo. Un país que no duda en enviar miles y miles de soldados a todo tipo de guerras, iniciadas o no por sus propios políticos estadounidenses, pero que tiene a 36 millones de ciudadanos sin seguro médico porque no se lo pueden permitir. De esos 36 millones de estadounidenses, muchos se podrán acoger al sistema sanitario gratuito, pero otros que tengan un mínimo nivel económico se lo tendrán que costear previa negociación con los seguros médicos privados. Que a fin de cuentas son los que mandan y los que no van a dejar que ningún político les toque los cojones porque ellos no lo van a permitir.
Así que estamos ante un momento histórico, como informa a través de su titular un editorial de la edición digital del diario El País. Obama hace historia, una vez más. Y como en el periodismo se lleva mucho utilizar eslóganes pegadizos, y si los ha utilizado antes un político como Barack Obama mucho mejor, el editorial termina con un premonitorio “Sí, pudimos“, en referencia al “Yes, we can“, el lema de campaña de Barack Obama en las pasadas Elecciones del 2008 (hasta tal punto llega la tontería que incluso el lema de la selección española de fútbol era “Podemos“). Ese “Sí, pudimos“, hace referencia a lo que se podrá decir una vez aprobado el texto final también en el Senado. Pero mucho ojo, que Barack Obama no es ningún político salvador ni nada por el estilo. Mejor político que George W. Bush (dependiendo del punto de vista político e ideológico de cada uno) seguro que es, lo está siendo o lo será, pero tampoco es muy difícil. Superar a un genocida no es muy complicado. Pero incluso en este punto no debemos engañarnos a nosotros mismos, y en la medida de lo posible, no nos debemos dejar engañar por los demás, lo primero de todo por los políticos y por su lenguaje persuasivo. Con la “universalización” del sistema sanitario estadounidense (que ni es universalización ni es nada, porque para que algo sea universal debe ser compartido o debe ser una característica de todo el universo, no sólo de un Estado, por muy grande que sea, ni sólo de un Planeta, porque entonces sería planetario) se supone que morirán menos pacientes. También se supone que esta reforma sanitaria llevará aparejada un control de la actividad de los seguros médicos, porque la legislación teórica no vale de nada si no se vigila a los seguros privados que son los que cortan el pescado al final. Puede haber una ley que obligue a la cobertura sanitaria de casi el 100% de los ciudadanos de EE.UU., tengan el dinero que tengan, pero el tratamiento médico debe ser igual para los hijos de los políticos -Barack Obama incluido- que para el hijo del fontanero que hace dos chapuzas al mes y que está muerto de hambre, manteniendo a una familia sin poder llegar a fin de mes. Porque el hijo de un millonario no es más que el hijo de un pobre; ni siquiera el millonario es más que el pobre, porque un ser humano no es más ser humano por tener miles de dólares en el banco o por tener unos cuantos centavos. Un ser humano es un ser humano sea cual sea su poder adquisitivo.
Pero claro, aquí llegamos al enorme pero que se le debe poner a la reforma sanitaria de Barack Obama y a cualquier decisión política que tome durante su primer mandato -y durante el segundo si dentro de tres años es reelegido, que puede no serlo-. Barack Obama ha cumplido una promesa electoral, que era reformar el sistema sanitario para que la cobertura sea universal (mal dicho, porque los inmigrantes ilegales no tendrán derecho de acogida en la reforma sanitaria y son tan seres humanos con el mismo derecho a tener asistencia sanitaria como las hijas de Barack Obama, los hijos de los millonarios, los hijos de los pobres y los hijos de los que no tienen ni un puto dólar y malviven como vagabundos -siempre que un grupo de cabrones degenerados no les utilicen en peleas de vagabundos para ganar miles de dólares vendiendo los DVD’s con las peleas-. Y como seres humanos no sólo se merecen asistencia sanitaria, sean del país que sean y vivan en el país que vivan -porque pasa lo mismo que para acogerse a los Derechos Humanos, hay que ser ciudadano de un país para serlo, y al final los Derechos sólo son para los que tengan una nacionalidad y tengan unos documentos firmados, que hay que joderse-; como seres humanos no merecen morir en la silla eléctrica o mediante inyección letal. Y aquí estamos ante una gran hipocresía que está vigente en EE.UU.: la vigencia de la pena de muerte. La pena capital no la va a abolir Barack Obama porque como político estadounidense que es, como todos los demás, está a favor de la pena de muerte, y por eso ningún político candidato a la Casa Blanca va a presentar en su programa la abolición de la pena capital.
Por este motivo (al igual que por seguir enviando soldados a las guerras iniciadas por George W. Bush) Barack Obama podrá encabezar una reforma sanitaria, y podrá conseguir un hecho histórico como es la “universalización” de la cobertura sanitaria para casi todas las personas que residen en los EE.UU. (inmigrantes ilegales no incluidos), pero mientras la pena de muerte siga vigente Barack Obama no merecerá aplausos; y mucho menos un Premio Nobel de la Paz. Podrá llevar adelante una reforma sanitaria para que menos enfermos mueran porque no tienen dinero para costearse un seguro médico, pero mientras no llegue la abolición de la pena de muerte todos los Presidentes de EE.UU., Barack Obama incluido, seguirán siendo unos asesinos. Unos asesinos que además siguen enviando soldados a todas las guerras que haga falta para que el Presidente de turno sea el hombre más poderoso del mundo al frente del Estado más poderoso del mundo, el Estado cuya política debe ser seguida por todos los demás para que no haya terrorismo, para que no haya violencia…
El que quiera aplaudir la labor política de Barack Obama que lo haga, aquí no se va a encontrar con ningún tipo de orden para que no lo haga. Pero el que aplauda que se esté aprobando una reforma sanitaria debe saber que aunque se vayan a salvar miles de vidas, en los corredores de la muerte se está matando a otros tantos miles de seres humanos. Que han cometido crímenes y cuya culpabilidad ha sido probada, pero que también están ahí sin ser culpables de los delitos por los que se les ha condenado a morir. Y se les ha condenado a morir en el país de las oportunidades, en el país del self made man, en el país de las libertades, en el país del entertainment, en el país donde todos los ciudadanos tienen el derecho a portar un arma y donde miles de personas mueren como consecuencia de disparos de arma porque hay una enmienda que otorga ese derecho, siglos atrás, para defenderse de los ingleses, no vaya a ser que desde la metrópolis londinense se intente colonizar de nuevo a los Trece Estados que se independizaron en el siglo XVII. ¿De qué vale reformar el sistema sanitario para que mueran menos personas que no pueden pagarse un seguro médico si en las cárceles del corredor de la muerte hay miles de presos que van a morir? ¿Con la reforma sanitaria Barack Obama ya es Dios, ya es el salvador del mundo? ¿Por parar el escudo antimisiles en Polonia y llegar a un acuerdo con Rusia ya estamos presenciando la política de un hombre que se merece el Premio Nobel de la Paz? ¿No será la concesión del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama un intento por mejorar su imagen frente a sus detractores? Porque el actual Presidente de EE.UU. no ha hecho todavía nada como para merecerse ningún premio, y mucho menos el Premio Nobel de la Paz. ¿Qué pasa, que en Estocolmo no saben que Barack Obama gobierna un Estado donde sigue vigente la pena de muerte y donde no hay visos de un futuro a corto, medio o largo plazo de una abolición de la pena capital? ¿Se merece el Presidente de un Estado que permite la pena de muerte ganar el Premio Nobel de la Paz, por muchos esfuerzos diplomáticos que haga -esfuerzos diplomáticos entre los que destaca el envío de más soldados a las guerras, guerras cuyo objetivo, todo el mundo lo sabe, es conseguir una vida pacífica con los demás seres humanos que pueblan el Planeta Tierra-?
La respuesta es que no. Está muy bien que de verdad todos los ciudadanos estadounidenses puedan acogerse al sistema sanitario y que no se mueran en la calle sin poder ser asistidos porque son pobres y no pueden pagarse un seguro. Está muy bien que se apruebe en la Cámara de Representantes el texto de la reforma sanitaria, a falta de la aprobación en el Senado. Pero Barack Obama no merece más aplausos que los que se merece por esta acción puntual: sigue enviando soldados a las guerras, sigue con el mismo carácter prepotente, aunque maquillado, del político estadounidense que por ser el Presidente de EE.UU. tiene que ser el hombre más poderoso del mundo; y sigue permitiendo que la pena de muerta esté vigente en el país que debe servir de espejo al resto del mundo, ¿verdad? Pues entonces que ningún demócrata (miembro del Partido Demócrata, no demócrata en el sentido de persona a favor de la democracia, que esos también son los miembros del Partido Republicano, o por lo menos en principio, ya se ha hablado en esta sección en más de una ocasión de cómo funcionan las democracias) critique a los demás Estados donde hay pena de muerte (como China), porque está viviendo en uno donde también se mata a seres humanos pero donde no se habla de asesinato, sino de condenas legales.
Por lo tanto, estamos viviendo un hecho importante con la reforma sanitaria, sí. ¿Y la pena de muerte? ¿Qué hacemos con ella? ¿Nos olvidamos de este hecho porque Barack Obama ha ganado el Premio Nobel de la Paz, porque ha sido el primer Presidente negro de la Historia de EE.UU. y porque ha cumplido, o está en proceso de cumplir, una promesa electoral -aún queda el cierre definitivo de Guantánamo y que esas torturas no se repitan en ninguna cárcel-?
Obviamente no. Por muchas reformas sanitarias que haya, Barack Obama sigue siendo, como Presidente de EE.UU. y por mucho federalismo que haya en EE.UU., el principal responsable de todas las ejecuciones que se han producido durante su mandato. Y lo seguirá siendo hasta que no llegue la abolición de la pena de muerte.
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