Cada cuatro de mayo, los aficionados del Torino suben a rezar a la Basílica de Superga, a veinte kilómetros de Turín. ¿El motivo? La lápida que recuerda la colisión del avión que transportaba a los jugadores del Torino en los años 40. Este equipo estaba considerado el mejor de Europa en aquella época. Había conquistado cinco títulos de Liga de forma consecutiva pero esta tragedia hizo que no siguieran sumando más títulos a sus vitrinas.
El accidente conmocionó a toda la sociedad italiana. Italia estaba recuperandose de la II Guerra Mundial. De hecho la II Guerra hizo que el Torino no ganara más títulos. Había conseguido la última liga antes de que la competición fuera paralizada. Y ganaron los siguientes también.
En 1949, a cuatro jornadas para que acabara el scudetto, jugaron un amistoso con el Benfica en Lisboa. El equipo portugués quería jugar contra el mejor equipo de Europa y por eso llamaron al Torino. Su fama era descomunal y con la llegada de sus dos delanteros el equipo se convirtió en una maquina de jugar al fútbol.
Pero en el viaje de vuelta ocurrió la tragedia. En el momento de la llegada a Turín había una gran tormenta y mucha nubosidad. Un error en la navegación hizo el resto. El avión se estampó contra la Basílica de Superga. El golpe fue brutal. Murieron 33 ocupantes del avión, entre ellos 18 futbolistas. Para identificar a las víctimas llamaron al seleccionador italiano, Vittorio Pozzo.
Este suceso no sólo afectó al Torino, sino también a la selección. La Saura estaba formada por el portero de la Juventus de Turín y diez jugadores del Torino. Esta tragedia hizo que Italia no tuviera opciones en el Mundial siguiente.
Toda Italia siguió por televisión y más de medio millón de personas salieron a ver el cortejo fúnebre en la calle. Sus ataúdes entraron en la iglesia en el mismo orden en el que entraban al campo, y mientras entraban por megafonía decían sus nombres.
El Torino decidió terminar la liga de ese año jugando con los juveniles. Independientemente de cómo quedaran se decidió entregar al Torino el trofeo de la Liga.
Este año, como el resto de años, los aficionados del Torino decidieron acercarse a la catedral de Superga a homenajear a sus jugadores, que siempre quedarán en la memoria de todos por sus grandes éxitos deportivos.
