Es un tema peliagudo hablar sobre el amor o el odio que siente un país hacia los ciudadanos de su propio país. Razones para amar hay muchas; para odiar otras tantas. Y aunque no conozco a nadie que lleve la cuenta de las razones que motivan a los ciudadanos a odiar o a amar a sus compatriotas (para los que crean patrias) o simplemente a los ciudadanos de su mismo país, me da que en los últimos días si hay una razón que se eleva sobre las demás para saber si los catalanes son odiados o amados por el resto de los españoles, es la manipulación política. Sólo así puede caber en la cabeza que en los medios de comunicación se esté hablando, como consecuencia de la financiación autonómica aprobada en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) con la abstención de las Comunidades Autónomas en las que el PP tiene mayoría absoluta.
Ahora resulta que los pactos del PSOE con el tripartito catalán -donde sobresale la negociación con ERC y Joan Puigcercós- para que de los 11.000 millones que se van a repartir entre todas las CC.AA. españolas, más Ceuta y Melilla, Cataluña reciba más dinero que el resto de autonomías, provocan según algunos políticos una ola de catalanofobia en los ciudadanos españoles. Uno de esos políticos ha sido Manuel Chaves, para quien en el PP existe esta catalanofobia. Y sí, no les falta un ápice de verdad a los que hablan del odio a los catalanes como consecuencia del reparto en la financiación autonómica. Es imposible asomarse a una ventana sin ver a todos los ciudadanos del resto de España insultar a los catalanes, odiados por el resto de España. Y menos mal que han sido los políticos quienes lo han dicho, porque si no me gustaría saber de quién habría sido la voz, que alzándose sobre los gritos en contra de los catalanes que se escuchan por todas las calles, avenidas, plazas, esquinas, callejones y rotondas, que nos hubiese avisado que todos los catalanes son los culpables de que Cataluña reciba más dinero y que no haya un reparto igualitario entre todas las CC.AA.; porque no han sido los políticos del tripartito y del Gobierno central los que han negociado y pactado la financiación, sino que han sido los catalanes quienes han decidido que en el reparto Cataluña reciba más dinero que el resto de España, sí, esos catalanes panaderos, electricistas, profesores, conductores de autobuses, dependientes en tiendas de souvenirs, taxistas…
Hasta estos extremos llega la manipulación de los políticos sobre los hechos políticos. Si Cataluña va a recibir más dinero que el resto de autonomías en este reparto aprobado en el CPFF (con la abstención de todas las CC.AA. donde el PP goza de mayoría absoluta), pero que aún tiene que aprobarse en el Congreso de los Diputados, no es por culpa de los catalanes. Los culpables (si es que se puede hablar de culpables como si esto fuese un delito) o los responsables son los políticos que han negociado y pactado esta financiación en la que para unos medios de comunicación -como El País- hay un reparto solidario, y en la que para otros medios -como El Mundo- hay una muestra de insolidaridad. Porque curiosamente una decisión del Gobierno socialista y del tripartito catalán (en el que no forma parte el PP) al diario El País le parece solidaria y correcta, mientras que al diario El Mundo le parece todo lo contrario.
Por supuesto las declaraciones de Manuel Chaves dejando claro que para él en el PP existe un sentimiento irracional de catalanofobia (porque ninguna fobia es racional). Y para eso tenemos a Esperanza Aguirre. Porque la Presidenta de la Comunidad de Madrid (una de las CC.AA. en las que el PP gobierna con mayoría absoluta, que se ha abstenido en las votaciones para aprobar la nueva financiación… pero que a pesar de estar en contra no ha votado con un “No”, que es lo que se supone que hacen los que votan en contra de una medida, más tarde viene la explicación de este punto) no sólo vale para encararse con el personal de los hospitales madrileños que protestan contra sus medidas; también vale para dejar claro que en la política no todo es suciedad, mentiras, maximización del poder, pactos con uno o con otros, dependiendo de los intereses de ese momento, corrupción, juicios… Nada de eso, Esperanza Aguirre ha dejado claro que en la política y en la vida española también hay hueco para el amor. Y como ha declaro, ella ama a los catalanes (qué pena para Alberto Ruiz Gallardón).
Y al decir que ella ama a los catalanas tira por los suelos las declaraciones de Manuel Chaves en las que afirma que en el PP existe catalanofobia. Y tal vez sea verdad que Esperanza Aguirre ama a los catalanes; incluso cabe la posibilidad de que en el caso de estar casada (no sé si está casada) su marido sea catalán. Porque desde que los españoles se compraron un coche y comenzaron a viajar se pasó la moda de casarse sólo con un vecino del pueblo, desde entonces los españoles ya se casan con otros españoles (y españolas, que los matrimonios homosexuales soy muy recientes) de calles, barrios, pueblos, ciudades y CC.AA. distintos; y aunque parece mucho decir y una exageración, algunos y algunas españoles y españolas se casan incluso con ciudadanos y ciudadanos de países que no son España, que desde que se votó “Sí” a que España entrase en la OTAN ha habido muchos matrimonios entre españoles y no españoles. Y puede incluso que el día en que Cataluña se independice de España, haya españoles que se casen con catalanes, y catalanas que se casen con españoles, o españolas que se casen con catalanas…
Porque las relaciones amor / odio entre los españoles y los catalanes tiene un inicio claro (la financiación económica pactada por el PSOE y ERC, con el voto abstencionista de las autonomías en las que el PP tiene mayoría absoluta), pero el final no es tan claro. Y hablando del voto abstencionista, toca explicar porqué a pesar de estar en contra de esta financiación, las CC.AA. gobernadas por el PP en solitario han votado por la abstención en lugar de votar en contra tal y como se debe votar en contra, es decir, con un “No”. Pues la razón es muy sencilla. Al votar en contra, pero de verdad en contra, las CC.AA. gobernadas no tienen derecho a recibir ciertas cantidades de dinero que no sé porqué son dadas a las CC.AA. por parte del Gobierno central. No son cantidades de dinero que resuelven la vida de los ciudadanos, pero son lo suficientemente altas como para que el voto totalmente en contra que supondría no recibir ese dinero, se convierta en un voto que ni en contra ni a favor, es decir, el voto abstencionista, que permite a las CC.AA. que se abstienen recibir ese dinero. Y es que los políticos del PP pueden odiar a los catalanes o amarlos; pueden ser corruptos u honrados; pueden ser blancos o demasiado morenos -por Eduardo Zaplana, para quien no sepa las coñas que se dicen con su color de piel sospechosamente provocado por los rayos uva-; pueden tener bigote o cejas prominentes; pero tontos, lo que se dice tontos, no son.
Y entre políticos del PP que no son tontos; entre políticos del PSOE como Manuel Chaves que dicen que los políticos del PP tienen catalanofobia; entre políticos del PP como Esperanza Aguirre que dicen que aman a los catalanes; y entre las negociaciones, pactos y votaciones para aprobar la financiación autonómica en el CPFF anda el juego de la política autonómica-estatal estos días.
Entre el amor y el odio hacia los catalanes. Y todo por la manipulación de los políticos, que son los que toman las decisiones por las que se acusa a unos y a otros de odiar o de amar a los ciudadanos que no pintan nada. Porque en las negociaciones políticas los ciudadanos no tienen ni voz ni voto, y luego se les mete en el fregado.
Fuentes:
