Estamos ante un problema muy grave en el mundo hollywoodiense. Una gala tras otras, cientos de alfombras rojas que pisar, miles de autógrafos a adolescentes que no tienen otra cosa que hacer en la vida más que dar brincos de alegría en mitad de los gritos y pedir autógrafos… Es que no, hay muchas cosas, hay muchos compromisos de obligados cumplimientos y dudo mucho que ni tan siquiera el propio Dios pudiese estar en todo. Porque tengamos en cuenta que por muy guapo y por mucha sonrisa bonita que tenga Tom Cruise, el pobre hombre está demasiado ocupado y tiene en mente demasiadas ideas absurdas basadas en la Iglesia de la Cienciología como para pensar en el sexo. Y su esposa se está hartando.
Pues sí, para todas las mujeres que piensan que Tom Cruise está todo el día dándole sin parar, para todas las mujeres que piensan que Tom Cruise es insaciable… para todas vosotras va este post. Es una dedicación muy especial, y no lo hago por placer, ni mucho menos. Es simplemente sentido del humor. El gran Tom Cruise, capaz de escalar montañas y quedarse colgado a los Jesucristo mientras las escala, como quien no quiere la cosa(igual que cualquier hijo de vecino baja al bar y se apoya en la barra) tiene una vida sexual más pobre (según he leído en la edición digital del diario ABC, en la sección Celebrities, una sección con menos gracia que la homónima de Muchachada Nui, todo hay que decirlo) que la de los sacerdotes irlandeses que no abusan de menores. Porque a esos desgraciados les faltarán muchas cosas, pero vida sexual por la que se les podrían coger de los mismísimos y retorcérselos hasta más no poder, no les falta, por desgracia.
Tom Cruise, ese hombre fantástico. Tom Cruise, guapo, alto, con una sonrisa totalmente blanqueada (como la cara de Michael Jackson), con su pelo sedoso, que le quedan los trajes que ni pintados con brocha fina y meticulosamente estudiados milímetro a milímetro (igual que un cuadro que vi el verano pasado en un Museo de Dublín, acojonantemente bien pintando en los más mínimos detalles, lástima que no recuerde ni el nombre del museo ni el nombre del cuadro). Tom Cruise, el hombre conocido antes por ser el que se tiraba de vez en cuando a Nicole Kidman… este mismo hombre ahora ya no tiene una vida sexual como la que tuvo en el pasado con la amiga Kidman. Y su esposa, la actriz Katie Holmes, empieza a estar molesta. Katie quiere más sexo con Tom Cruise. Y es normal. Toda mujer necesita de vez en cuando un buen revolcón, pero claro, con los cienciólogos o cienciologistas o como coño se llamen, no tienen tiempo para el sexo. Lógico.
Querida Katie, si lo que necesitas es sexo, págate un prostituto (y si te van, pues a una prostituta). O mejor aún, investiga quién es el mejor amigo de Tom Cruise (y que no esté metido en la Iglesia de la Cienciología) y benefícitelo, sí señora, como si estuviésemos hablando de las comisiones que cobran los bancos, porque tu vida será tan buena como la de los banqueros: a más beneficios, más placer. Y todos sabemos que a más placer, más felicidad (salvo que ese placer sea consecuencia de una vorágine de autodestrucción, que ahí ya la felicidad y el placer no son ni tan felices ni tan placenteros). ¿Y qué mayor alegría para el cuerpo que una noche de sexo? Pues ninguna, eso lo sabe todo el mundo.
Tu problema radica es que entre la dicotomía entre Cienciología y sexo, tu marido prefiere la Cienciología. Es una estupidez, lo sé, pero hay gente a la que le da por querer salvar su alma, acercarse a Dios y no sé cuántas chorradas más. Y al final se entregan tanto a Dios y a la Iglesia (en este caso de la Cienciología) que acaban apartando los placeres terrenales de la carne (celestiales si lo haces en pleno vuelo). Nunca lo he entendido (claro, que sin ser creyente todo lo que se refiere a las creencias religiosas y a dedicar tu vida al Señor y no al sexo y otros placeres, pues escapa de mi conocimiento, lo admito). Y quizás cuando te casaste con él, Katie, pensaste que la Cienciología era como la bricomanía o la jardinería: un hobby pasajero, de estas pajas mentales que tienen los hombres cuando llegan a ciertas edades, pero que en cuanto recuerdan que en casa hay televisión, dejan a un lado. ¿Verdad que sí? Pues te equivocaste guapa, tu señor marido no parece que vaya a dejar la Cienciología. Ni el cine, que me parece que al final es lo que provoca que no tengáis sexo. Pero mírate bien los estatutos de la Cienciología, no vayas a llevarte una sorpresita referida a lo que te estoy comentando.
Querida Katie. Lo mejor que puedes hacer es lanzarle un ultimátum. O la Cienciología o tú. O el cine, la alfombra roja, la fama, el dinero y los viajes por el mundo, o tú. Ya basta de excusas: hoy tengo que viajar a Los Ángeles para estrenar una película; hoy tengo que viajar a Honolulú para estrena a una joven en la Cienciología… Nada, se acabó, un ultimátum es lo mejor que puedes hacer, Kati, hazme caso. Eso sí, por si acaso, es mejor que vayas preparando las maletas, y búscate un hombre que no esté majara y que no pertenezca a una secta religiosa. Quieras o no será mejor para ti. Tendrás sexo, no habrá crucifijos en tu casa, no oirás tonterías del tipo “vamos a salvar nuestras almas y para ellos tenemos que ir a un bosque y fundirnos con la naturaleza, y sentiréis la conexión de nuestras almas, un tesoro muy preciado que nos ha dado Dios”. Porque ten en cuenta que con la palabrería es probable que tú no tengas sexo con él, pero a saber si otras sí lo tienen…
Ultimátum, Katie, ultimátum a Tom Cruise. He ahí la solución.
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