Protocolo no debe ser una de las palabras mejor vistas y con mayor cariño del diccionario -ni del español, ni del inglés ni del guatemalteco-. No creo que estuviese entre las 20 primeras de esas palabras que competían hace tiempo por ser la más bonita del idioma español. En cambio, su importancia en las clases pudientes es máximo, y mucho ojito a quien se lo salte, los medios de comunicación estarán ahí para hacer una foto del momento exacto en que una autoridad distinguida se lo pasa por el forro, y tendremos a los grandes expertos en protocolo de todo el mundo y de todas las Casas Reales (el resto de mortales nos tenemos que conformar con vivir en casas de mentira) criticando que alguien, insensato él / ella, se ha saltado el protocolo. Por supuesto, Josemi sería el primero en gritar, y del disgusto seguro que pide la baja en el programa de Cristina Tárrega -en Telemadrid- y en el de Cristina Lasvignes -en Antena 3-, que ahora creo que trabaja para ambos.
Para empezar debo decir que me dan igual los protocolos que haya, a quién tengo que saludar en primer lugar, a quién le debo dar la mano y a quién no, cómo debo ir vestido… Pero claro, yo sólo soy un humilde ciudadano que se dedica a hablar por un micrófono de un programa de radio que tiene una audiencia más baja que el nivel de sangre en sangre de Ernesto de Hannover, y a escribir en este blog que tiene también un número de lectores que no es para tirar cohetes, ni tan siquiera de rabia, y eso ya es decir. Por lo tanto, mi opinión no vale para mucho, salvo para los detractores de los protocolos, aquellas personas a las que, igual que a mí, les dé igual qué rodilla es la que debe flexionar una señorita mientras la otra pierna queda más retrasada, el ángulo en que debe estar la cabeza cuando se hace una reverencia, o el tipo de vestido de cola con escotes mínimos para no ir provocando debe llevar una señora.
Por lo tanto, teniendo en cuenta mi naturaleza contraria a las memeces protocolarias, me dan ganas de reír y de llorar al mismo tiempo cuando en los medios de comunicación de primer nivel, esos ya asentados en la sociedad, se publican titulares como los que ayer Ángel Martín, co-presentador de “Sé lo que hicisteis“, leía en una de las pantalla que se utilizan en el programa. Todo esto a cuento de que la Primera Dama de Estados Unidos y esposa del Presidente Barack Obama -o como se le cita en el New York Times, Mr. Obama-, Michelle Obama, le haya dado un medio abrazo a la Reina de Inglaterra en el encuentro que ambas tuvieron con motivo de la reunión del G-20 en Londres -esa reunión donde se va a refundar el capitalismo para evitar los excesos que han llevado a que en España pueda haber entre un 15% y un 19% de Paro, si no me equivoco con las cifras que he escuchado en las noticias de no me acuerdo qué canal de televisión, creo que fue en CNN+ España, y que como contrapartida recompensa a directivos de AIG por hacer bien su trabajo sólo porque lo tenían escrito y firmado en sus contratos, aunque hayan provocado una crisis mundial de la que los pobres saldrán más pobres y algunos ricos, pero sólo algunos ricos, saldrán siendo un poco menos asquerosamente ricos-.
La situación fue la siguiente (me la estoy imaginando porque no lo vi): el matrimonio Obama llega al edificio donde la Reina de Inglaterra les espera (edificio también llamado Buckimgham Palace, poca cosa), hay saludos por todas partes -igual que periodistas miembros de la seguridad del Palace- y de pronto… la tragedia se mascaba, un cuchillo invisible cortaba el aire… una mujer negra, sí, negra, del mismo color que los esclavos que pululaban de África a América en los barcos de los colonos y de los grandes Imperios, el Británico incluido, alarga el brazo por detrás de la espalda de la amada Reina de Inglaterra, de Escocia, de Gales, de Australia, de Canadá… ¿intentará Michelle Obama, aprovechando que es Primera Dama de los EE.UU., atacar a la pobre Reina de Inglaterra, que es más baja y de cara más pálida que Michelle? La seguridad del Buckimgham Palace se movía a cámara lenta, ¡Dios mío, esto no podía estar pasando, alguien quería tocar a la Reina de Inglaterra, pero no eran ni tan siquiera el pecho izquierdo, pongamos por caso que el pecho derecho… le quería tocar la espalda, sí, como si fuera una especie de abrazo! Joder, qué tensión, el Jefe de Scotland Yard se las veía venir, días y noches interrogando a Michelle Obama intentando sacarle toda la información…
No se pueden imaginar la tranquilidad que se respiró cuando Isabel II -no la Isabel II de España del siglo XIX, sino la Isabel II del siglo XIX y del siglo XX y del siglo XXI del Reino Unido, porque yo ya no sé en cuántos siglos ha debido vivir esta señora- también rodeó a Michelle Obama por la espalda correspondiendo el gesto de la Primera Dama. Como dirían los ingleses, Michelle Obama es muy “brazen”, y quien quiera ver el doble sentido del significado de esta palabra inglesa con la española “brazo” o “abrazo” que lo haga, es lo que pretendía.
Debo advertir a los lectores, eso sí, que si leen el artículo de El País cuyo link está un poco más arriba, podrá ver cómo se informa de que el diario inglés The Times ha publicado que la escena no fue para tanto -y ni mucho menos como yo la acabo de pintar, creo que me he excedido un poco y debo atar más en corto mi imaginación, es como Zidane, se le dan 5 centímetros y no se les puede parar-. Es más, según el protocolo -bendita palabra, denostada por unos cuantos, defendida a muerte por otros tantos- no hay nada que impida tocar a la Reina de Inglaterra. Es cierto que si antes de montarme la película hubiese citado lo que publicaba The Times acerca del protocolo en el Buckimgham Palace -tal y como se ha hecho eco eco eco eco… el diario El País-, la aclaración habría estado ahí desde el inicio. El quid de la cuestión que lo aclara todo es que si primero lo explico todo bien explicado y sin que queden dudas, este post de informal y de humorístico -y si es complicado que sea humorístico ya de por sí, con explicaciones que quitan la gracia mucho más- hubiese tenido muy poquito. Y para una cosa que hago en el Radio Blog… no lo veo yo.
Por último, para terminar este post sobre el protocolo -no sé si debo escribirlo con mayúscula, me arriesgo y lo hago con minúscula-, es harto necesario mencionar lo que Silvio Berlusconi ha protagonizado en la cumbre de la OTAN de esta mañana (en Kehl, Alemania). En esta cumbre se tiene que decidir el próximo Secretario General de la OTAN, y uno de los candidatos es el Presidente de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen. Berlusconi sí que se ha saltado el protocolo, la polémica que ha despertado en los medios de comunicación españoles no es nada parecida a lo que ha hecho “il amico Silvio”. En primer lugar, Silvio ni ha saludado a la anfitriona, Angela Merkel, quien ha mirado con cara de muy pocos amici, de muy mala hostia, al playboy italiano. No sólo esto, Berlusconi ha estado hablando por teléfono incluso en el minuto de silencio que se ha guardado por los soldados de la OTAN. ¡Con dos cojones!, dicho simple y llanamente. Así me gusta, Silvio, tú pasas de abrazar a una Reina y crear polémica y estupefacción por el abrazo -bueno, conociéndote seguramente tú hubieses querido beneficiártela, que así se acaba pronto y por lo menos te desfogas, ¿a que sí?-. Tú directamente pasas de saludar a la gente -que no lo haga Zapatero vale, no sabe hablar muy bien inglés y mantener una conversación así es complicado, puedes decir “good morning, how are you?” y gracias-, y también de guardar un minuto de silencio… y todo por hablar, según parece, con Recep Tayyip Erdogan, Primer Ministro Turco.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/04/internacional/1238837460.html
¿Y por qué Erdogan ha llamado a Berlusconi en ese preciso momento? ¿Es que no había otro momento para hacerlo? ¿Es una coincidencia que el Primer Ministro Turco llame a Berlusconi hoy? Pues como no creo en las coincidencias, yo opino que no. Y el hecho de saber que Recep Tayyip Erdogan no ve con buenos ojos que el Presidente de Dinamarca, tras gestionar muy mal la crisis que se vivió hace unos años por culpa de unos dibujos satíricos en los que a Mahoma se le veía la cara -un sacrilegio en toda regla para los islamistas, algo parecido a quemar crucifijos para los católicos-, Turquía no tiene ganas de que Rasmussen sea el próximo Secretario General de la OTAN, y mucho menos con las tiranteces que existen en Europa ante la decisión de permitir a Turquía la entrada en la UE. Un lío padre, para decirlo con palabras claras.
Ahora, tras ver estos dos ejemplos de cómo un político -o una esposa de un político- puede saltarse el protocolo en un acto oficial y llevarse un cachete como castigo, les dejo a los lectores -rezando porque haya alguien que lea el Blog- que decidan qué tiene más pecado, si lo que ha hecho Michelle Obama o lo que ha protagonizado Silvio Berlusconi.
Fuentes:

Estos ingleses son unos cursis